CCM | Club Cultural Matienzo

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Pringles 1249 (y Av. Córdoba), Buenos Aires.
Abierto de martes a viernes desde las 19 y sábados y domingos desde las 20 hs.

Una gota de rocío

Reseña de "Los Cosos" de Paula Baró, con dirección de Nicolás Lodigiani. Por Julio César Estravis Barcalá.

La vista desde una terraza: árboles, asfalto, personas muy chiquitas, otras terrazas.

Los cosos nos enfrenta a un encuentro extraño. El amor de Sofía y Roberto es, en un punto, un amor como cualquier otro: un amor inexplicable. La joven soñadora y el helecho: sí, un helecho. Sofía (oh casualidad: amor) lo filma y le pregunta cuándo nació, como si en este mundo fuera esa la pregunta del boliche.

La historia del helecho es imaginada por Sofía con el entusiasmo de los que tienen el mundo por delante: “Tu espora cayó sobre algún patio mugroso de Buenos Aires. Una mujer con cabello blanco y pantuflas te vio tirar rayitos desde un cantero, un día nublado te trasplantó a una maceta de cemento y te puso bajo el árbol de navidad el veinticuatro a la noche.”

Ella es sus ojos y su brazo ejecutor para una decisión que no tiene vuelta atrás. Como en El zoo de cristal, la llegada de un tercero en cuestión pone en perspectiva la relación de los amantes. Juan es un muchacho sencillo que busca en Sofía algo totalmente distinto de lo que Roberto tiene para darle. Por eso, el triángulo amoroso no es tal: es más bien una ve corta cuyos vértices son ellos dos, confluyendo en Sofía/el amor.

La puesta en escena de Nicolás Lodigiani eligió seguir la veta más absurda del texto. Tanto el vestuario como la escenografía quitan a la trama del lugar realista que tal vez podrían conseguir; así se tensa la acción y pasamos a mirar a los personajes desde otro lado.

Al final del recorrido, Los cosos deja luz. Un brillo difícil de describir pero que se siente, como las gotas de rocío.

Julio César Estravis Barcalá